Este golpe llegó para empeorar el bajo crecimiento económico regional de los años previos a la pandemia (0,3% entre 2014 y 2019). Y se materializó en "la peor crisis económica, social y productiva que ha vivido la región en los últimos 120 años, y en una caída del 7,7% del PIB." El informe prevé un aumento de la tasa de desocupación, caída de la participación laboral, incremento de la pobreza y la desigualdad.
En otras palabras, combustibles para las protestas que, por descontento social y causas diversas, vimos ya en marzo de 2020 en México, en septiembre en Colombia, en octubre en Costa Rica y Chile, y en noviembre en Guatemala y Perú. Combustible también para las campañas electorales de los partidos políticos y movimientos de oposición en los países que tendrán elecciones presidenciales en 2021.
En síntesis, las elecciones presidenciales de los países de América Latina en 2021 tendrán como sustrato económico las siguientes tasas negativas de crecimiento del PIB per cápita en 2020: -14,4% en Perú, -10,6% en Ecuador, -9,3% en Honduras, -6,9% en Chile y -5,3% en Nicaragua.
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